#AprendeDidáctica con este crucigrama:
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Esta es una invitación para la reflexión, discusión y construcción alrededor de diversos temas de la Educación.
¿Qué esperar del sistema educativo luego de la pandemia?
Elvia María González Agudelo
Doctora en Ciencias Pedagógicas
Profesora UdeA
Siempre debemos tener presente que la palabra escuela etimológicamente procede del griego Scholéque significa ocio y tiempo libre, además se cruza con la palabra latina Ludus, que significa juego. La escuela la dispuso la sociedad, hombres y mujeres libres que se congregaron espontáneamente para eso, pasar el tiempo estudiando, leyendo, escribiendo, conversando; pensando sobre la vida y sus placeres, el espíritu y el cuerpo en armonía; lo bello, lo bueno y lo verdadero también en armonía; privilegiando las formas sobre los contenidos, es decir, el pensamiento para producir conocimiento sobre el conocimiento mismo, el saber vivir pensando en mundos impensados pero posibles, en procura de la felicidad sobre el hecho de saber mucho sobre cualquier cosa. Así funcionaron los espacios para la intelectualidad en Grecia, el gimnasio de Sócrates, la academia de Platón, el liceo de Aristóteles, el pórtico deZenón y los estoicos, los jardines deEpicuro y los hedonistas;la casa de las musas con su sorprendente biblioteca de Alejandría, así los griegos cimentaron la cultura de occidente. Así funcionaron también los espacios para la intelectualidad en la edad media, estudios, colegios y talleres que forjaron las universidades en tanto espacios culturales que producen las ciencias, las artes y la tecnología hasta nuestros días. Sin ocio no hay instituciones educativas, sin tiempo libre no hay conocimientos nuevos, sin lúdica no hay diversión.
También debemos tener presente, siempre, que la educación se postuló como un derecho universal por los estados miembros de las Naciones Unidasdesde 1948. Este mismo organismo declaró entre los objetivos de Desarrollo Sostenible –ODS– para su Agenda 2030, la educación de calidad como su objetivo número cuatro. En Colombia la Constitución Nacional de 1991 en su artículo 67 reza “la educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social”; al no concebir la educación como un derecho fundamental, en la práctica se igualó como un servicio, lo que hizo que esta última concepción prevaleciera en el país; el derecho a la educación se volvió un privilegio hasta que la Corte Constitucional corrigió esta situación, con las sentencias C-376 de 2010 y la T-139 de 2013, en las cuales se estableció la educación como un derecho fundamental equiparándolo a nivel mundial y así obligar al estado a cumplir con laasequibilidado disponibilidad, en tanto inversión en recursos físicos y humanos por parte del estado; la accesibilidaden tanto igualdad de acceso sin ninguna discriminación y gratuidad progresiva; la adaptabilidaden tanto adecuarse a las necesidades de los estudiantes y garantizar la continuidad del servicio para lograr la permanencia; y la aceptabilidado calidadde la educación que se ofrece para todos y durante toda la vida.
Así pues, si la escuela es ocio, tiempo libre y juego, y la educación es un derecho humano universal ¿Qué se esperaría del sistema educativo luego de la pandemia? Claramente que garantice lo uno y lo otro. El tiempo transcurre y las posibilidades fluyen:
Creo posibleque la educación como un derecho humano universal sea asequible para todas y todos, es decir, que el estado garantice los recursos físicos para dotar la ciudad como un gran ambiente de aprendizaje, una ciudad para el arte, ciencia y la tecnología; con parques, bibliotecas, museos, teatros, universidades e instituciones educativas rediseñadas para estar ahí en el disfrute del aprender, interconectadas no solo físicamente con ciclo vías y transporte público sino con redes tecnológicas, compartiendo en la nube los contenidos para propios y extraños. Albergo la esperanza que se estén construyendo los 2.365 nuevos salones que hacen falta para establecer la jornada única. Pero salones redondos, triangulares, asimétricos, con luz, ventilados y llenos de colores, sillas, sillones, sofás, cojines, hamacas, tapetes, mesas de diferentes formas y colores, paredes como pizarras para escribir y borrar, dotados con tecnología de punta, con sus propias bibliotecas, donde converja lo digital y lo análogo. Instituciones Educativas con baterías sanitarias óptimas, comedores y restaurantes escolares con su propios nutricionistas y chefs. Con espacios específicos para el desarrollo de las ciencias, la técnica, la tecnología, las artes y el deporte. Espacios todos para el ocio, el tiempo libre, el juego, el disfrute, para la diversión y el entretenimiento que implica aprender. Dónde las preguntas trascendentales puedan circular libremente ¿Quién soy yo? ¿Qué haré con mi vida? ¿Cuál es mi talento? ¿Cómo habito el mundo? ¿Cuál es mi tiempo? ¿Qué necesito saber para vivir? Espacios para habitar con más y mejores profesores que disfruten su trabajo detectando los talentos de sus estudiantes y acompañándolos a forjar su propio destino. Una ciudad donde se respire cultura.
Creo posibleque la educación como un derecho humano universal sea accesible para todas y todos, es decir, que el estado garantice la igualdad, la equidad, la diversidad, la inclusión, la interculturalidad y la gratuidad. Los diferentes grupos humanos y sus diferentes culturas, necesitan coexistir, el universo hoy esta interconectado, todos podríamos comunicarnos, participar en esa dialogo universal, cuidarnos y cuidar de los demás, utilizar el lenguaje correctamente para dejar atrás los prejuicios y acercarnos, aceptarnos y aceptar lo otro. La educación necesita ser gratuita para que todas y todos podamos acceder a ella, y una vez en la escuela la equidad posibilite la igualdad, lo único en lo diverso, las posibilidades de ser sin distinción alguna por raza, sexo, género, ideologías, creencias, pensamiento, gusto, discapacidades y culturas. Las instituciones educativas necesitan incorporar las didácticas especiales para cualificar los ambientes de aprendizaje que posibiliten ser mejores personas cada día.
Creo posible que la educación como un derecho humano universal se adapte a todas y todos, es decir, que el estado garantice la permanencia, no solo en la seguridad alimentaria y la capacidad de brindar el servicio de transporte escolar sino que el diseño de los currículos sean lo suficientemente flexibles, alejados de todo lo prescrito, diseñado por problemas, que estimule la inteligencia colectiva; que posibiliten que cada estudiante sea libre para construir su proyecto de vida, elegir una ruta curricular que le permita desarrollar sus talentos y poder ser. Donde el profesor sea simplemente un compañero de vida y la escuela su entorno protector, protector no solo de su vida digna, sino de sus ideas, de sus pensamientos, de sus posibilidades de ser. La comunicación entre profesores y estudiantes ha cambiado, hoy se hace necesario la dotación gratuitita de pantallas digitales personales para cada profesor y cada estudiante, con su respectiva conectividad, visitar la nube y estar involucrados en las redes, es la cultura de lo digital, el entretenimiento se hace viral. Albergo la esperanza que los salones con computadores desaparezcan pues los estudiantes ya son libres de aprender desde cualquier lugar y en cualquier momento. Las instituciones educativas necesitan diseñar grupos virtuales, algunas familias y comunidades están aprendiendo a vivir de otra manera y las escuelas deben disponerse a ello, otro grupo de cada nivel debe ofertarse virtualmente. Albergo la esperanza que los profesores estén diseñando actividades didácticas desde la cultura de la convergencia, la transmedia, el universo narrativo, la convivencia de múltiples textos: libros, cartas, revistas, periódicos, iconografías, comics, videos, blogs, páginas web, audios, juegos, realizados por profesores y estudiantes que deben estar almacenándose en la nube para socializar el conocimiento y todos los estudiantes puedan acceder a ellos una conversación interminable con su profesor. Albergo la esperanza que las políticas públicas permitan la coexistencia de las diferentes modalidades de educación.
Creo posibleque la educación como un derecho humano universal sea concebida como una educación de calidad, tal como lo estipulan los ODS en contraposición con la frase calidad de la educación, lo que implica que el ser humano está por encima de las cifras, el ser humano no se reduce a un número. Este postulado es una perspectiva para pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo, de lo estandarizado a lo singular; pasar de una visión desde la economía de la educación hacia el desarrollo humano,a la esencia pedagógica de la formación del ser, en tanto elaboración de su conciencia histórica como diría Gadamer, en cuanto la autodeterminación del ser en libertad como enuncia Regenbrecht; para desde lo uno, lo singular, llegar a los otros, lo general, la educación en tanto conciencia colectiva para poder vivir todas y todos juntos en paz, libres, dignos y solidarios como estipula nuestra constitución nacional, pues la educación de calidad no es más que los estilo de vida de los personas que habitan dicho país, entonces ¿Seremos un país educado?
Hoy, esa comunicación en una sola dirección de uno a muchos en un espacio físico se ha transformado en una comunicación de uno a uno, de uno a otro, ese otro que necesita individualmente a su profesor, y lo puede contactar en cualquier momento, por la avenencia de lo digital
El nivel más íntimo donde se desarrolla el proceso de enseñanza y aprendizaje es el salón de clase. La clase se refiere al grupo, estudiantes y profesores que allí se encuentran, compartiendo un tiempo y un espacio mientras conversan sobre un saber. Espacio y tiempo que generan un ambiente que nos afecta de múltiples maneras al aprender.
El tiempo, en el currículo, está organizado desde su clásica visión renacentista, racional y determinista: los semestres académicos con un número de semanas; las jornadas, diurna o nocturna; la modalidad, presencial o semipresencial; la hora lectiva de 45 minutos que se traduce en créditos; normatividad que traspasa fronteras y estipula la unidad de medida del trabajo académico, una estandarización de los tiempos.
Es un orden mecanicista con tendencias autoritarias, es el reloj marcando el tic-tac del tiempo, es Leibniz y el gran mecanismo del universo. Pero el reloj es sublevado por la balanza, es Newton buscando equilibrios entre fuerzas, la armonía, el dinamismo (Busquets, 2016). Pero hoy, más que sincronías, emergen a-sincronías, los múltiples tiempos, el caos, lo no lineal, lo inexacto, solo las posibilidades, es Heisenberg y su incertidumbre: «es como si el universo estuviera gobernado por el azar» (Hawking, 1987). Ese universo que nos hace vivir en el pasado, donde la simultaneidad en el mismo tiempo y espacio es relativa.
El tiempo, en la didáctica, está organizado desde la clase, la clase sucede, «un suceso es algo que tiene lugar en un punto específico del espacio y en un determinado instante de tiempo. Debemos aceptar que el tiempo no está completamente separado e independiente del espacio, sino que por el contrario se combina con él para formar un objeto llamado espacio-tiempo» (Hawking, 1987). El tiempo no transcurre de la misma manera para cada estudiante que habita ese salón, «no existe un tiempo absoluto único, sino que cada individuo posee su propia medida personal del tiempo, medida que depende de dónde está y de cómo se mueve» (Hawking, 1987). El grupo es la interacción de los tiempos que suceden en ese espacio llamado salón de clase, todas las historias posibles que allí habitan.
Una clase no sigue un único camino en el espacio-tiempo, posibilita tantos pasajes como estudiantes habitan en el salón. El profesor necesita atravesar todas esas sendas posibles; esos caminos los acercan o los alejan, depende del tiempo de respuesta del profesor en su conversación. Hoy, esa comunicación en una sola dirección de uno a muchos en un espacio físico se ha transformado en una comunicación de uno a uno, de uno a otro, ese otro que necesita individualmente a su profesor, y lo puede contactar en cualquier momento, por la avenencia de lo digital, el espacio ya es virtual y en él nos podemos conectar en cualquier momento, en ese instante que el estudiante lo desea. En ese espacio, una nube, se fijan los textos que perduran en el tiempo, libros, artículos, iconografías, cómics, audios, videos, juegos, donde se narran esos saberes de los profesores, quizás en formas más procativas. El estudiante es libre de ir a ellos, aprender y expandirlos en el universo digital.
Entonces, ¿cuánto tiempo tiene un profesor para dedicarle a sus estudiantes? ¿Cuánto tiempo tiene un estudiante para formarse en una universidad? ¿Por qué los programas universitarios de pregrado tienen que diseñarse para diez semestres? ¿Por qué se deben planear tan solo dos niveles académicos de 16 semanas cada uno, en un periodo de un año? ¿Por qué las clases deben ser solo presenciales? ¿Por qué la mayoría de las clases deben durar una hora y media? ¿Por qué no se valora el trabajo autónomo del estudiante? ¿Por qué no pueden coexistir todas las modalidades en la educación? ¿Por qué no modificamos los ambientes de aprendizaje? ¿Por qué nos aferramos a la tradición?
Referencias
Dictar clase es una expresión
de uso común entre los profesores, se pronuncia casi inconscientemente en el
lenguaje cotidiano, a veces hasta irónicamente se lleva al significado de dictadura
de clases. ¿De dónde proviene esta expresión? Tal vez del método
escolástico, desde los inicios de la edad media, donde el proceso de enseñanza
consagró tres momentos claramente diferenciados la Lectio, la quaestio
y la disputatio. En la lectio el
profesor les dictaba a
los estudiantes los libros clásicos, explicaba ciertas partes
difíciles; los discípulos, en un primer momento debían repetir de memoria los
dictados, luego en la quaestio, el mismo profesor o
un sofista enseñaba el arte del debate basado en la
dialéctica, unas veces para distinguir la verdades del error, otras solo para
persuadir, pero siempre para perfeccionar la elocuencia en la
oratoria y la argumentación; este ejercicio preparaba al profesor para su
participación en la disputatio, debates públicos entre
los profesores, por navidad y pascua, sobre temas de interés universal
convirtiéndose, en ocasiones, en verdaderas investigaciones, que daban como
resultado la escritura de los libros denominados Summae. A
estas disputatio, los estudiantes solo eran invitados a escuchar.
Pero se inventó la imprenta en el siglo XV y
revolucionó la educación, se imprimieron los libros en grandes
cantidades, las bibliotecas se expandieron, los jesuitas propagaron un
sistema educativo para todos, Comenio se atrevió a prometer enseñar todo a
todos y, con el devenir de los años, se pasó de la lección donde se dictaba al
seminario, donde el alumno pasó de ser un escribiente a ser un lector. En
el seminario los estudiantes leen antes de la clase, escriben por sus propios
medios relatorías y protocolos, investigan para debatir a profundidad con el
profesor, no para solo escuchar y repetir. Pero aún dictamos clase y si
el estudiante no trajo su relatoría pues ¿qué hacemos? Dictar clase…
Y
desde el siglo XX llegaron las TIC, subvirtiendo los ambientes de aprendizaje,
el espacio, el tiempo, el grupo y los contenidos vienen
cambiando. Ahora el espacio es virtual, el tiempo es múltiple, el
grupo puede dispersarse en todo el mundo y los contenidos, ya están ahí, en la
nube con acceso abierto, multitud de opciones, videos, textos, audios, en todos
los idiomas y en todas las culturas. Los estudiantes pueden acceder a los
contenidos cuando lo desee, ahí están, en la nube, casi
atemporales. El saber ya no está en los profesores, la cultura se
registra en la nube, los currículos ya no son contenidos, son la cultura que se
pasea por las instituciones educativas, la escuela ha de estar en la vida, por
ello hoy los currículos deben problematizarse y desarrollarse con didácticas
basadas en proyectos, saber de dónde partimos pero no a donde llegaremos… y los
profesores siguen dictando clase.
Pero en el siglo XXI llegó la
pandemia y todo cambió. Casi todos usaban las tecnologías por
entretenimiento y ahora que son indispensable para seguir trabajando, nos damos
cuenta que muchos profesores y estudiantes no tiene aparatos digitales de última
generación, no tienen conectividad, no están capacitados en estrategias
didácticas innovadoras y, además le temen al cambio. Se abre aún más la
brecha entre lo público y lo privado, y se hace conciencia sobre las
tecnologías digitales como un derecho para llevar a cabo la educación pues es
un medio indispensable, no como dotación para un espacio físico institucional
sino para cada estudiante y para cada profesor como seres individuales que son;
también, es necesaria la conectividad, sin lo uno y lo otro, hay
una incidencia negativa en el acceso, en tanto igualdad y en la adaptabilidad,
en cuanto la permanencia, factores que influyen en la calidad; es
decir, para esta nueva realidad que nos circunda la tecnología se convierte en
un derecho. Nadie debe quedarse atrás.
Pero ante la pantalla encendida del ordenador ¿qué hace el profesor?